Un caballero de leyenda

17Ago09

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Las nubes se desvanecen traspasadas por el halcón, que rompe la paz de los cielos a la llamada de su amo. Como una flecha acude veloz al brazo que le tiende Alvar Fáñez. Bajo su vuelo rasante, caballeros y escuderos se agachan por temor a que la sombra del ave, de acerado pico y poderosas alas, les rebane las cabezas. Su amo, a lomos de caballo, recibe al alado amigo con respeto cuando éste se posa firmemente con las afiladas garras sobre el guantelete. Fuera ya de peligro, los conejos asoman tímidos la cabeza de sus madrigueras.

— Vuestro pájaro sería una estupenda arma en la guerra. Desde las alturas nos revelaría fácilmente la posición del enemigo. Así conoceríamos de antemano su estrategia. Ningún ejército se nos resistiría con el más sagaz espía en nuestras filas— bromea a su lado Rodrigo Díaz de Vivar, llamado por muchos Cid, sobrenombre que significa señor. La aguda mirada del burgalés brilla reflejada en los vivaces ojos del animal.

— Quién sabe, quizá algún día dominemos los aires —pronostica divertido Fáñez, su pariente.

— Cuando nos salgan plumas —ríe a carcajadas Rodrigo que, pese a lo avanzado de su edad, conserva una fuerte complexión y el distinguido porte de un infanzón de  Castilla. Imaginad que pudiéramos ver lo que este bicho divisa desde allí arriba.

—¿Acaso no tendréis algún hechizo para tal fin, Shamir?

— Mis conocimientos son modestos, noble Cid. Ya me cuesta comprender a los astros, como para entenderme con las bestias— responde humilde el astrólogo árabe que los acompaña en la montería.

(Extracto de ‘El héroe en el espejo’, que pertenece a ‘Rodrigo, un caballero de leyenda’)

Ilustración de Felipe López Salán

El alquimista pronuncia palabras misteriosas en lenguas tan antiguas como extrañas. Alza sus brazos al cielo, que se encapota cubierto de negras nubes. Rodrigo asiste acongojado al hechizo. El río le devuelve su rostro asombrado. La corriente desvanece la visión hasta mostrar la plaza de una villa en la que un juglar recita con musicalidad: “Aquí comienza la gesta de mío Cid el de Vivar”.

Así arranca la adaptación del Cantar de Mío Cid que perpetré, con ilustraciones de Felipe López Salán, para Bibliotecas de Castilla y León con motivo del octavo centenario del manuscrito más antiguo que se conserva de este romance, firmado por Per Abat en 1207.

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