Horas de biblioteca

17Ago09

Luz roja para peatones y verde para coches. El robot de la factoría ajusta la tuerca B34X17 en las centésimas programadas. Los muertos golean a los recién nacidos en los hospitales. Las multinacionales globalizan sus beneficios y los obreros –o lo que sean ahora– se sodomizan unos a otros para regocijo del voyeur especulador. Los refrescos de cola reinan en las estanterías de los supermercados. En Europa el sida es una enfermedad crónica, que en África se traduce en pena capital. La Tierra gira en torno al Sol sin desviarse un microápice de su órbita. Cosmos frente a caos. Todo está en orden. Hoy será un buen día. Al menos, en la media.

Mientras la situación siga así, bromea, habrá esperanzas para la Humanidad. Le divierte burlarse de sí mismo. Una pequeña chanza personal. Tantas horas reconcentrado en la biblioteca sobre toneladas de folios, con la única compañía de leyes orgánicas y reales decretos, hacen que se permita este tipo de licencias entre tema y tema. El humor –bueno, claro está– es sano según afirman los psicólogos en sesudos estudios que sostienen que cuando alguien llora está triste y cuando ríe está feliz o próximo a tal estado. Pero, ¿quién está capacitado para categorizar sobre humores buenos y malos?

Si hablamos de tumores, la diferencia parece clara. Unos te matan y otros, más bien, estorban o causan alguna molestia que altera la normalidad. No obstante, para el marido que odiaba a su mujer, el cáncer de mama que la condujo derechita al crematorio no era bueno sino estupendo. Gracias a esa fatal dolencia heredó una fortuna y pudo fugarse al Caribe con su amante. Ni siquiera la ciencia escapa de la subjetividad de los individuos, al parecer.

¡Ejem!, carraspea. La interjección le ayuda a aclarar simultáneamente las vías respiratorias y neuronales de farragosas mucosidades. Alguna mirada censora le recrimina el molesto sonido. Sobre la separación de los habitáculos asoman entrecejos inquisitoriales. Con un gesto de inocencia se disculpa. El botellín de agua le sirve de coartada. Bebe un pequeño trago, que no le apetece nada, para pretextar un inesperado ataque de tos. Comprende a sus vecinos. Él habría actuado igual. En aquel sancta santorum del silencio cualquier sonido es una profanación digna de excomunión.

De hecho, él mismo logró que expulsaran a un estudiante asmático porque su quejosa respiración importunaba al resto de compañeros. Para demostrar su buena fe, propuso a las instancias oportunas que habilitaran una sala de lectura en la que estos alumnos dieran rienda suelta a sus deficiencias sin molestar ni ser molestados. Sorprendentemente las autoridades rectorales atendieron su demanda y, aún más extraño, la pusieron en práctica de inmediato…

…Si quieres seguir leyendo, descárgate el resto de Horas de biblioteca.

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3 Responses to “Horas de biblioteca”

  1. 1 Vane

    Vaya… no tenía ni idea de que escribieses tan bien. La verdad es que admiro a todos los que sabéis escribir, que sois capaces de enfrentaros a un papel en blanco y comenzar a plasmar palabras, frases, hasta acabar una historia, admiro esa habilidad! Yo tan sólo soy capaz de lanzar letras que forman palabras y se acaban convirtiendo en frases inconexas…
    Seguiré atenta al blog!
    Bs

    • 2 ángel domingo

      Qué poco aprecias la delicadeza de mis notas de prensa…
      Gracias por los piropos. Piensa que no todos podemos ser ingenieros…
      Un abrazote

      • 3 Vane

        lo confesaré, en realidad nunca las leo….
        Bueno, para mí tiene más proeza el saber escribir.
        Bs


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